Agilidad y gestión ajustada: complemento perfecto

Muchas veces la tendencia a elegir entre uno u otro camino en el terreno de las filosofías y metodologías de gestión tiene más que ver con favoritismos o intereses personales, que con exigencias concretas de los marcos en sí mismos. Por ejemplo en esta nota que compartimos se explica que combinar la gestión ajustada (lean management) con la agilidad (agile) fue la solución que encontraron muchas compañías para mejorar su rendimiento de manera consistente y generar una nueva cultura empresarial. En particular cuando tuvieron que acompañar la implementación de tecnologías disruptivas de la industria 4.0 para la transformación digital avanzada.

 

Muchos líderes y organizaciones creen que estos dos caminos se excluyen mutuamente, o que se aplican a actividades diferentes. Por ejemplo, consideran que la gestión ajustada es para operaciones rutinarias y repetibles, y que la agilidad solo se aplica a proyectos o tareas creativas. Y que entonces deben optar entre una u otra. Pero en este artículo se argumenta que, por el contrario, ambas metodologías se complementan entre sí de modo tal que amplifican su impacto.  Y además ambos sistemas tuvieron éxito en una variedad de entornos y comparten un conjunto similar de objetivos fundamentales -entregar valor de manera eficiente a un cliente, descubrir mejores formas de trabajar y de mejorar continuamente, conectar de modo transparente la estrategia y los objetivos para dar a los equipos un propósito significativo y permitir que las personas contribuyan y desarrollen su máximo potencial-.

 

Singularidades y semejanzas

La pujanza y al atractivo de ambos marcos metodológicos es indudable. Por ejemplo un estudio sobre agilidad encontró que el 78% cree que su organización se está beneficiando (o podría beneficiarse) con las mesas, estructuras y procesos ágiles en toda la empresa. Por su parte lean management ayudó a las organizaciones a crear valor durante más de 70 años, desde que echó raíces en el sistema de producción de Toyota en la década de 1940 hasta su posterior expansión hacia operaciones de servicio y otros departamentos y funciones en compañías, gobiernos e instituciones de todo el mundo.

 

La meta central de lean es identificar y eliminar la actividad que no es valorada por el cliente o el usuario final. Agile por su parte busca acelerar y hacer más flexible la creación de productos, mediante un desarrollo iterativo que busca poner en manos de los clientes un prototipo temprano lo antes posible, para ir refinándolo de manera sucesiva.

 

Como se explica en la nota que estamos repasando, ambos marcos metodológicos proporcionan modelos de equipo, formas de trabajo y conjuntos de herramientas que se pueden implementar de la forma que tenga más sentido para cada organización. Por ejemplo la gestión ajustada presenta modelos de equipo, como las células de trabajo, en las que los grupos trabajan juntos para completar pasos que anteriormente ocurrían por separado y eran vulnerables a retrasos. Mientras tanto, agile se basa en pequeños equipos multifuncionales y grupos de flujo de trabajo, que siguen la misma filosofía subyacente (tanto sea que se elija Scrum, Kanban u otro como framework concreto).

 

La gestión ajustada y la metodología agile son sistemas potentes y las empresas no necesitan optar por uno de ellos. En cambio pueden elegir las herramientas y aplicaciones de cada marco que sean más relevantes para sus necesidades y así generar optimizaciones aún mayores en toda la organización.

 

Para profundizar en estos conceptos recomendamos leer este artículo y revisar los casos de estudio.

 

¿En su organización pensaron en combinar agile y lean management? ¡Lo invitamos relatar la experiencia acá!



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