La agilidad organizacional se mide por la posibilidad de adaptarse al cambio de contexto

Durante los últimos meses la pandemia de coronavirus puso sobre el tapete, de manera dramática, una verdad que ya se venía observando durante los últimos años en distintos  mercados del mundo, particularmente a partir de las disrupciones que transformaron de manera radical la escena de los negocios en distintos sectores y rubros. Esta verdad a la que nos referimos es la siguiente: para hacer frente a un cambio repentino y dramático, las empresas deben ser ágiles y resistentes.

Ahora bien: la paradoja del caso, tal como indica una investigación reciente, es que para lograr una agilidad y una resistencia genuinas, las organizaciones primero deben desarrollar una estructura o una base de la estabilidad que brinde a su personal confianza, seguridad y optimismo. Cuando las personas están apabulladas por el cambio constante, es bueno saber que tienen sistemas y procesos estables en los que confiar.

Podría decirse que en estos tiempos de cambios disruptivos, en los que distintos modelos de negocio que funcionaron durante largos años se ven interrumpidos, la agilidad y resiliencia organizacional son dos lados de la misma moneda.

 

El “chip agile” 

Una organización ágil es aquella que tiene “una capacidad sostenida para responder de manera rápida y efectiva a las demandas de cambio, mientras ofrece continuamente un alto rendimiento”. Las compañías ágiles combinan la capacidad de cambiar, de aprender continuamente y de actuar con rapidez y flexibilidad.

Un estudio global evidenció que para el 75% de los líderes empresariales lograr la agilidad organizacional es una de las principales prioridades de su agenda. Y otra encuesta enfocada en Latinoamérica encontró que el 85% de las empresas se encuentra en etapas intermedias de implementación de  metodologías, estructuras, mesas y procesos ágiles; y en particular en lo que hace al desarrollo del software el 38% ya implementó proyectos agile con distintos frameworks y una cultura DevOps (Desarrollo y Operaciones).

Hoy las empresas se ven compelidas a innovar y «fallar rápidamente», esto es, a aprender rápidamente de los errores y adaptarse a las condiciones cambiantes del mercado. Y deben enfocarse en corregir el rumbo de modo continuo.

La agilidad configura la capacidad de adaptación ante un escenario que se presenta como altamente complejo. Y de esta última depende a su vez no solamente la posibilidad de prosperar, sino directamente de sobrevivir. Esta dinámica por ejemplo generó el repentino surgimiento y florecimiento  de marcas como Uber, Netflix y Amazon. Y el derrumbe de otras organizaciones como Kodak, que no pudieron ver y responder lo suficientemente rápido a los cambios en el mercado y a las implicancias de la transformación digital.

 

Agilidad en varios planos

La capacidad de gestionar los cambios -de anticiparse, en el mejor de los casos, y de responder a ellos de manera proactiva o reactiva- es a un habilitador crucial de la agilidad. Ahora bien, en la actividad cotidiana de las empresas la agilidad puede plantearse en varios planos:

 

  • Estratégico, que hace a la capacidad para actualizarse de modo continuo, anticiparse y definir en qué terreno de los negocios se “jugará” a futuro.
  • Organizacional, que permite innovar y responder rápidamente a las condiciones dinámicas del mercado, y se plasma en la creación de equipos autónomos, en la eliminación de los silos internos y externos y en la generación de redes o ecosistemas para mejorar.
  • Individual, que se observa en la capacidad de los líderes y los miembros del equipo para aprender y crecer.

 

Como se indicó acertadamente un artículo ya clásico, las organizaciones auténticamente ágiles son “organismos vivos” que incluyen una red de equipos dentro de una cultura centrada en las personas. Son estables y dinámicas al mismo tiempo: diseñan elementos y procesos troncales que evolucionan lentamente, y admiten capacidades dinámicas que pueden adaptarse rápidamente a nuevos desafíos y oportunidades. Esta aparente paradoja es la que les permite adaptarse a los cambios de manera veloz y exitosa, sin perder la brújula ni extraviarse en el camino.

 

¿En su empresa ya incorporaron la filosofía agile y sus métodos? ¡Nos gustaría que cuente la experiencia!



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