La agilidad tiene que comenzar por las personas

La idea de que vivimos en un mercado expuesto a cambios permanentes y cada vez más disruptivos, la hemos escuchado hasta el cansancio. Por lo común a esta descripción general se agrega una recomendación que suele venir en clave de máxima, y es que la capacidad central que necesitan desarrollar las organizaciones es la de “adaptarse al cambio permanente”.

 

Ahora bien, este argumento es muy válido, pero por lo común es el que usan las empresas de tecnología para promover sus proyectos de transformación digital, como si la capacidad de adaptarse al cambio permanente viniera a partir  de la implantación de ciertas tecnologías… Pues bien: la realidad es que la tecnología es un habilitador fantástico, y en muchos casos muy importante, pero no es lo central.  Lo fundamental es el cambio de cultura, de valores y de modelos organizativos, de  liderazgo y de gestión.

 

Como se explica claramente en esta columna de opinión, para lograr la adaptación a un entorno tan cambiante como el que nos toca vivir hay que implantar modelos organizacionales ágiles. Crear grupos de trabajo multidisciplinarios que den respuesta a las necesidades del cliente, incorporándolo en el centro de la organización.

 

Agilidad, divino tesoro

Transitar esta transformación no es tan sencillo. Los datos de una investigación lo evidencian: menos del 10% de los encuestados dijo haber completado una transformación de agilidad a nivel de la empresa o de una unidad de rendimiento; no obstante la mayoría tiene aspiraciones mucho más altas para el futuro. El 75% dijo que la agilidad organizacional es una de las principales prioridades,  casi el 40% actualmente está llevando a cabo una transformación en esa dirección, y más del 50% de los que no la iniciaron dicen que tienen planes para comenzarla.

¿Y qué nos enseña en esencia la agilidad? Nos ayuda a entender que el objetivo del negocio tiene que estar centrado en la persona, en los valores, en sus capacidades y competencias. Pero claro, en su afán por encarnar la agilidad las organizaciones muchas veces chocan contra otra confusión  bastante común, que conviene desterrar de entrada: la agilidad no consiste únicamente en aplicar determinados frameworks (como Scrum, OKR, Kanban u otras) o metodologías que funcionan en  otros sitios, y por ello se las debe traer a nuestra empresa y se las debe intentar clonar. En realidad la agilidad tiene que comenzar por un cambio a nivel de las personas y del mindset, porque de otra manera la transformación se queda en una simple gestión basada en los procesos ágiles y no se consigue una adaptación real a los escenarios siempre cambiantes.

 

Las empresas e instituciones necesitan apropiarse del concepto de agilidad, y de sus prácticas concretas. Deben adaptarlas a su realidad y cocrear un modelo de gestión propio que abarque a toda la organización, desde las personas a los procesos y productos.
Este nuevo modelo de gestión tiene que basarse en la colaboración, en formas de comunicación más abiertas, en la transparencia; hay que darse una organización basada en estructuras y mesas ágiles que permitan brindarle una respuesta veloz y personalizada a los clientes, en el marco de un modelo relacional, continuo e iterativo. Y esto en buena medida pasa por empoderar a las personas, propiciar la  autogestión y estimular la participación en las decisiones de la organización.

 

Para profundizar en esta mirada, invitamos a leer esta columna en su totalidad.

 

¿Ya concretaron este cambio de mentalidad en su empresa? ¡Sería interesante que comparta su experiencia aquí!



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